Curación De Contenidos Para Bibliotecas

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Curación de contenidos para bibliotecas Evelio Martínez-Cañadas

Director de la colección: Javier Guallar Diseño de la colección: Editorial UOC Diseño de la cubierta: Natalia Serrano

Primera edición en lengua castellana: septiembre 2017 Primera edición en formato digital (epub): marzo 2018

© Evelio Martínez-Cañadas, del texto © Javier Guallar, de la edición

© Editorial UOC (Oberta UOC Publishing, SL) de esta edición, 2017 Rambla del Poblenou, 156, 08018 Barcelona http://www.editorialuoc.com

Realización editorial: Sònia Poch ISBN: 978-84-9064-149-1

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño general y la cubierta, puede ser copiada, reproducida, almacenada o transmitida de ninguna forma, ni por ningún medio, sea éste eléctrico, químico, mecánico, óptico, grabación, fotocopia, o cualquier otro, sin la previa autorización escrita de los titulares del copyright.

Autor

Evelio Martínez-Cañadas Evelio Martínez-Cañadas es licenciado en Biología y diplomado en Biblioteconomía y Documentación. Ha ejercido como archivero, documentalista y bibliotecario en instituciones públicas y privadas. Actualmente es bibliotecario en el Consorci de Biblioteques de Barcelona.

¿A QUIÉN VA DIRIGIDO ESTE LIBRO? Este libro te interesa si quieres saber: Cuáles son los principales motivos para aplicar la curación de contenidos en una biblioteca. Cuáles son los principales beneficios que proporciona la curación de contenidos. Cuál es la mejor manera de implementar la curación de contenidos. Cómo aplicar y sacar partido a la curación de contenidos en el blog de una biblioteca. Cómo usar la curación de contenidos para aprovechar mejor el fondo y el espacio físico del centro.

Índice ¿A QUIÉN VA DIRIGIDO ESTE LIBRO? INTRODUCCIÓN Capítulo I. CURACIÓN DE CONTENIDOS: UNA OPORTUNIDAD PARA LAS BIBLIOTECAS 1. Reintermediación, o el intermediario de la información está bien vivo 2. Infoxicados, pero no tanto 3. Más allá del servicio de referencia 4. ¿Qué puede aportar la curación de contenidos? Capítulo II. EL LUGAR DE LA CURACIÓN DE CONTENIDOS EN LAS BIBLIOTECAS 1. Modelos y propuestas actuales 1.1. El modelo de gestión de comunidades y contenidos de José A. Merlo 1.2. Las nuevas guías temáticas de Javier Guallar 2. Un marco global para la CC Capítulo III. CURACIÓN DE CONTENIDOS EN BLOGS 1. ¿Por qué curar en blogs? 2. Modelos de curación: tres breves casos de estudio 2.1. Maria Popova (Brain Pickings) 2.2. Big Think 2.3. Open Culture 3. Entradas basadas en CC: formatos más populares 4. Caracterización de contenidos en blogs: ejemplos Capítulo IV. CURACIÓN DE CONTENIDOS EN EL ESPACIO FÍSICO DE LA BIBLIOTECA 1. Las raíces museológicas de la curación de contenidos 2. Las exposiciones bibliotecarias no son exposiciones 3. La exposición: un medio de comunicación 4. Curación de contenidos en el espacio físico: un ejemplo CONCLUSIÓN: LA CURACIÓN DE CONTENIDOS Y EL FUTURO DE LAS BIBLIOTECAS

Bibliografía

INTRODUCCIÓN Casi una década después de que se popularizase la expresión gracias a un artículo de Rohit Bhargava (2009), la curación de contenidos (content curation, en adelante CC) es una práctica establecida en un buen número de ámbitos. El más destacable es el marketing, aunque también hay una activa consideración de la CC en, por ejemplo, el periodismo y la educación. Pero hay un ámbito en el que, paradójicamente, la discusión sobre esta práctica ha quedado en cierto modo en un segundo plano: las bibliotecas en general, y en particular, las bibliotecas públicas. La paradoja es significativa, teniendo en cuenta las funciones sociales y la práctica profesional de los bibliotecarios. Puede que haya diferentes factores que expliquen esta relativa falta de interés. Quizá haya influido el que desde un principio un buen número de bibliotecarios considerara que la CC no era nada nuevo digno de atención, puesto que –se decía– los bibliotecarios ya llevaban mucho tiempo ejerciendo ese tipo de funciones.[1] Quizá también influya el signo de los tiempos que están atravesando las bibliotecas: en la casi permanente preocupación por su futuro, parece haber una apuesta firme por recuperar la dimensión física y la función socializadora de la biblioteca, por encima de su posible función de producción y distribución de información. Sea como fuere, la intención de esta obra es contribuir a animar el debate sobre las mejores prácticas de la CC aplicada a bibliotecas y lo que la CC puede aportar a estos centros. En este sentido, el libro tiene un espíritu pragmático. No nos ocuparemos de las controversias sobre si los bibliotecarios son o no curadores de contenidos. Tampoco nos dedicaremos a examinar los principios de la CC o las principales herramientas y plataformas disponibles para llevarla a cabo: para todo ello remitimos a la lectura de la obra pionera de Javier Guallar y Javier Leiva-Aguilera (2013a). Nuestra obra está organizada como sigue: En el primer capítulo enmarcaremos la cuestión central de estas páginas: qué es lo que la CC puede aportar a las bibliotecas y por qué puede ser una práctica valiosa para el desempeño de sus funciones. Veremos que hay cuestiones sociales y profesionales que justifican una mayor apuesta por la CC. En el segundo capítulo trataremos las –hasta ahora– únicas propuestas que han considerado de manera seria la cabida de la CC en bibliotecas: el modelo de gestión de comunidades y contenidos de José A. Merlo y la propuesta de nuevas guías temáticas de Javier Guallar. Comentaremos sus principales virtudes, así como algunas de sus debilidades. Ese análisis nos conducirá al tercer capítulo, en el que trataremos con más extensión la que, a nuestro juicio, puede ser la principal aplicación de la CC en bibliotecas: los blogs. Mostraremos las ventajas que podría tener la CC en blogs, examinaremos tres estrategias de curación aplicables a bibliotecas (de la mano del análisis breve de tres estudios de caso) y veremos algunos de los principales formatos de entradas basadas en la CC. El cuarto capítulo está dedicado a una posible aplicación un tanto sui generis de la CC en

bibliotecas: la CC en el espacio físico. Creemos que constituye una vía lícita y atractiva, dada la estrecha relación entre la CC y el ámbito de la museología, así como el renovado énfasis en la importancia del espacio físico en las bibliotecas.

Capítulo I

CURACIÓN DE CONTENIDOS: UNA OPORTUNIDAD PARA LAS BIBLIOTECAS

1. Reintermediación, o el intermediario de la información está bien vivo El auge de internet vino acompañado de una preocupación profunda para los bibliotecarios: la desintermediación. Si los usuarios tenían un acceso directo a volúmenes astronómicos de información de casi cualquier temática, ¿perdería sentido la labor bibliotecaria de servir como intermediario de la información?; y si así fuera, ¿qué papel pasarían a tener los bibliotecarios y, por ende, las bibliotecas? El descenso de servicios bibliotecarios tradicionales, en especial el préstamo de libros y la asistencia a actividades de extensión cultural, como charlas y presentaciones, se achaca a la aparición de internet y el acceso rápido a los contenidos que supone (junto con otros fenómenos, como la piratería cultural). Sin embargo, y de manera curiosa, internet no ha representado la muerte del intermediario de la información, más bien al contrario: parece haberse producido una reintermediación (Martínez-Cañadas, 2017c). Consideremos los motores de búsqueda, como por ejemplo Google. A pesar de que su algoritmo puede pasar desapercibido por la facilidad de su interficie (una simple caja de búsqueda), lo cierto es que este se ha convertido en el intermediario por excelencia en la búsqueda y recuperación de información. Pero no solo Google se ha posicionado como un gigante de la intermediación. Otras plataformas, como Facebook, ocupan cada vez más ámbitos, pasando a ser consideradas ya como una plataforma de contenidos. E incluso plataformas de la mal llamada economía colaborativa, como Airbnb o Uber, basan buena parte de su éxito en la reintermediación: aunque el intercambio de servicios que fomentan parezca descentralizado, las plataformas controlan casi todos los aspectos importantes de la transacción, y gracias a la explotación masiva de datos se constituyen en intermediarios clave sin los cuales el proceso no tendría lugar. Así las cosas, no faltan analistas que advierten de que la educación en nuestros días debería incluir el conocimiento del modo en el que operan los algoritmos (Brinton; Chiang, 2017), dado su impacto cada vez más enorme en el entorno cultural (Álvaro, 2014). Tampoco faltan quienes advierten de la no-neutralidad de los algoritmos, sometidos a los intereses y sesgos de sus creadores como productos de la mente humana que son (Gómez-Ullate, 2017). Además de hacerlo mediante los algoritmos y las plataformas, la reintermediación opera a dos

niveles adicionales. Uno de ellos es obvio: aunque se pudiera considerar que los usarios consumen contenidos de manera autónoma, los miles de blogs, canales de vídeo y de audio, así como las empresas de contenidos, siguen operando como intermediarios de la información, puesto que son estos medios los que recopilan, tratan y ponen la información a disposición de los usuarios. El segundo nivel puede que sea un poco más abstracto, pues tiene que ver con la misma naturaleza de internet: aunque el acceso a la red sea democrático, la distribución de poder e influencia no lo es (Hernández, 2014). En un entorno en red, determinados nodos acaparan buena parte del flujo de información y de las oportunidades que este representa, a expensas de la gran mayoría de nodos. Es decir, se comportan como intermediarios clave de la información. Para entender lo que el fenómeno de la reintermediación implica para las bibliotecas, veamos de manera crítica otro fenómeno muy comentado por los bibliotecarios: la infoxicación.

2. Infoxicados, pero no tanto La infoxicación es casi un corolario lógico de la existencia de medios de producción de contenidos. Por tanto, no es un fenómeno nuevo, pero sí se ha visto magnificado por el descenso en el coste de producción y distribución de contenidos que ha traído internet y sus plataformas asociadas. Si la desintermediación ha sido considerada como una amenaza para los bibliotecarios, la infoxicación ha sido vista como una oportunidad. Porque se ha considerado que el papel de estos como intermedarios expertos en la búsqueda y gestión de información les posicionaría como un profesional de referencia en la sociedad de la información, como aquel que ayudaría a los ciudadanos a mitigar los efectos del exceso de información. No obstante, como en el caso de la desintermediación, en lo que respecta a la infoxicación parece que la cosa es más complicada de lo que daba a entender el argumento anterior. No se puede decir que abunde la investigación seria en torno al fenómeno de la infoxicación, a pesar de su popularidad, pero hay algunos indicios que apuntan a su complejidad (Martínez-Cañadas, 2016c). En 2005 se publicó en España el libro del psicólogo Barry Schwartz Por qué más es menos: la tiranía de la abundancia. El argumento central de Schwartz, como puede desprenderse del título de la obra, es que demasiadas opciones disponibles interfieren en nuestra capacidad para hacer elecciones racionales. En el contexto de boom informativo de por entonces, las ideas de Schwartz fueron rápidamente aceptadas y divulgadas.[2] Sin embargo, trabajos posteriores no pudieron verificar los resultados propuestos por Schwartz, por lo que la cuestión de si demasiadas opciones paralizan o no la decisión racional quedó reducida a una fórmula menos atractiva, más propia del sentido común: a veces tener demasiadas opciones es malo, otras no, y se desconoce

qué decanta la balanza en cada caso particular (Hiebert, 2014). Otro indicio más reciente sobre la naturaleza de la infoxicación lo proporciona un estudio del Pew Research Center de 2016 (Horrigan, 2016). El trabajo en cuestión analizó los habitos informativos de 1.520 estadounidenses, y las conclusiones más destacables fueron: La mayoría de la muestra no sentía que la sobrecarga informativa fuera un problema. Es más, el porcentaje que afirmaba que era un problema había descendido respecto a una década antes. La mayoría de la muestra decía gustar de tener tanta información disponible. Incluso el exceso de información era percibido como una ayuda a la hora de simplificar sus vidas. La mayoría de la muestra decía sentirse a gusto con sus habilidades para gestionar la información en su vida diaria. Aquellas personas que tenían más dispositivos de acceso (banda ancha en casa, smartphone y tablet) eran las que decían sentirse más a gusto con el control del flujo de información. Las personas que decían sentirse más infoxicadas disponían de menos tecnología, eran más pobres, tenían menos educación y más edad. La mayoría de la muestra decía sentirse más infoxicada cuando necesitaba obtener mucha información como resultado de la demanda de una institución. Incluso en este caso, el porcentaje de gente que decía no verse infoxicado era significativo (30 %). Como suele pasar en estos casos, los resultados de una muestra particular no tienen por qué ser extensibles a otros grupos, pero lo cierto es que el estudio del Pew dibuja un retrato de la infoxicación con más matices de lo que se creía en un principio. Si hubiera que resumir los indicios que se tienen de la naturaleza de la infoxicación, quizá podríamos utilizar la siguiente fórmula: la infoxicación depende de la psique y de las capacidades e intereses de cada persona, y puede presentarse en situaciones concretas, aunque no necesariamente siempre que hay abundancia de información. Bien puede ser que esta fórmula explique por qué los usuarios no han acudido como se esperaba a las bibliotecas a buscar la ayuda de los bibliotecarios para mitigar su supuesta infoxicación.

3. Más allá del servicio de referencia La reintermediación y la inexistencia de un único fenómeno de infoxicación abren la puerta a una actividad en la que las bibliotecas han sido renuentes en participar de una manera sistemática e intensiva: la CC. Recordemos brevemente qué se entiende por CC.[3] La definición estándar suele enfatizar que la CC es una actividad continua de búsqueda,

selección, tratamiento y difusión de la información más relevante sobre un determinado ámbito para una audiencia específica. El medio de aplicación mayoritario suele ser el digital, aunque más adelante defenderemos una aplicación de la CC en el medio físico. La información seleccionada es tratada con diferentes estrategias para crear un producto con valor añadido. La tipología de estrategias más popular es la de Pawan Deshpande (2017): Extractar (abstracting): un extracto o porción del artículo, que quizá incluye el título del mismo, sus primeras frases o incluso su imagen. Retitular (retitling): reelaboración del titular del contenido original, usualmente con la intención de ganar visibilidad e impacto. Resumir/comentar (summarizing): un resumen o sinopsis del artículo creado de nuevo (es decir, es un resumen que no se encuentra en el artículo original). Citar (quoting): una cita del contenido original, que quizá no lo represente en su totalidad pero que el curator ha encontrado relevante. Storyboarding: recopilación de contenidos de diferente formato y origen para crear una narración. Paralelizar (parallelizing): el curator utiliza un contenido que puede no estar directamente relacionado con su tema de interés para establecer conexiones con otros contenidos que sean significativos para su audiencia. Esta fase se conoce como fase de sense making o caracterización,[4] de dotación de sentido a los contenidos. En esta fase recae el valor diferencial que un content curator puede ofrecer con respecto a otros métodos automatizables de recopilación de información: el curator ofrece contexto, interpreta, analiza y sintetiza la información para su público objetivo, mostrando por qué esta es relevante. El escenario social puede ser propicio para que las bibliotecas apuesten por la CC. Como hemos visto, por una parte los usuarios siguen dependiendo (ya sea de manera pasiva o activa) de un buen número de intermediarios para satisfacer sus necesidades informativas; por otra, es bien posible que la tolerancia a la infoxicación sea mayor de lo que se pensaba, no solo en la búsqueda y gestión de contenidos, sino también en el consumo de los mismos. Gracias al capital simbólico que atesoran (son instituciones que suelen estar bien valoradas por la sociedad), las bibliotecas podrían estar bien situadas para llevar a cabo la CC y ofrecer esa actividad como un servicio de valor a sus usuarios. Asimismo, otro factor de fondo parece dejarnos en un momento idóneo para la CC. Tras unos años en los que la profesión bibliotecaria se ha volcado en los aspectos relativos a las nuevas tecnologías, hay voces que apuestan por recuperar una función bien valorada por los usuarios: la prescripción de lecturas (García Hinarejos, 2017), algo en lo que tanto los medios tradicionales como las plataformas sociales de recomendación llevan años ganando terreno a las bibliotecas. Esa apuesta por una cierta vuelta a los orígenes (Martínez-Cañadas, 2017a) está en consonancia con una función más tradicional pero igualmente importante de las bibliotecas (en

especial las públicas): ser despositarias y transmisoras de los productos de la imaginación, de la creatividad y de la racionalidad humana,[5] cumpliendo así los objetivos de fomentar la educación y el conocimiento. La CC podría entenderse entonces como uno de los medios más actualizados con los que pueden contar las bibliotecas para llevar a cabo esa función. Y ello supone un cierto cambio de paradigma: una implicación activa en la búsqueda, creación y difusión de ideas más allá del quietismo que en la mayoría de ocasiones implica el servicio de referencia tal y como se entiende en la actualidad.

4. ¿Qué puede aportar la curación de contenidos? Así pues, aun de manera contraintuitiva, quizá sea un buen momento para que las bibliotecas apuesten por la CC. Pero dado que la buena CC es un proceso que requiere una inversión de tiempo y esfuerzo, es necesario preguntarse qué beneficios puede representar para las bibliotecas. Destaquemos los más interesantes: Posicionar a la biblioteca como una fuente de información. La proliferación de medios digitales, blogs, plataformas y una actitud en ocasiones pasiva ha provocado que las bibliotecas pierdan cierto atractivo a la hora de ser consideradas como un recurso fundamental en el que confiar la búsqueda de información. Por su misma naturaleza, la CC puede ser un medio para invertir esa tendencia. Crear un puente entre el ámbito físico y el digital. La mayoría de bibliotecas se encuentran en un momento de transición en el que el espacio físico y su colección en papel están perdiendo atractivo en favor del formato digital. La CC parece una estrategia idónea para despertar la curiosidad de los usuarios por la rica diversidad de sus colecciones, en especial si se adopta una estrategia de curación enfocada a ello (en el capítulo 3 tendremos ocasión de profundizar sobre esta cuestión). Difusión de la colección. Reposicionar las bibliotecas como un recurso valioso para los usuarios también pasa por recuperar la labor prescriptora de los bibliotecarios. En este sentido, la CC es un vehículo para la prescripción activa, con la consiguiente puesta en valor de las todavía enormes colecciones físicas de muchos centros (aunque es obvio que esto también se aplica a la creciente colección digital).[6] Potenciar las funciones educativa y cultural. Especialmente en el caso de las bibliotecas públicas, la CC supone una extensión de los objetivos de fomento de la educación, la cultura y el conocimiento que se ponen en práctica en el ámbito físico. Facilitar el acceso a la información local y de la comunidad. Una función nuclear de las bibliotecas públicas siempre ha sido poner a disposición de su comunidad local los recursos

informativos referentes a su entorno inmediato: direcciones, horarios, trámites, actividades destacadas, etc. El proceso continuado e intensivo que es la CC puede aplicarse a distintos fines y contenidos, entre ellos a este tipo de información comunitaria y de cercanía.

Capítulo II

EL LUGAR DE LA CURACIÓN DE CONTENIDOS EN LAS BIBLIOTECAS El capítulo anterior finaliza considerando las ventajas de aplicar la CC en las bibliotecas. Hasta el momento han sido pocos los modelos o las propuestas orientadas en ese sentido. En este capítulo repasaremos las existentes: el modelo de gestión de comunidades y contenidos de José A. Merlo y la propuesta de nuevas guías temáticas de Javier Guallar. Los analizaremos por turnos y ofreceremos una reflexión sobre sus debilidades, que en cierta manera son complementarias. Por último, propondremos un marco que permita sistematizar una estrategia para la CC en las bibliotecas.

1. Modelos y propuestas actuales 1.1. El modelo de gestión de comunidades y contenidos de José A. Merlo José A. Merlo desarrolla sus argumentos en un escrito publicado en dos partes en Biblioblog. Puesto que la segunda parte está dedicada a las herramientas, centraremos nuestra atención en la primera parte, la más conceptual (Merlo Vega, 2014). Hay que situar el escrito de Merlo en el contexto en el que fue escrito: un momento de intensa discusión sobre el perfil y las funciones del content curator en el sector de la Información y Documentación. Quizá por ello Merlo comienza su artículo afirmando que debido a su desempeño laboral, los profesionales de la información son (o deberían serlo) de facto content curators. El autor parece entonces apoyar las opiniones que sostenían (y sostienen) la equivalencia entre los perfiles de bibliotecario y de content curator, puntualizando que este último es más específico del ámbito de las relaciones públicas: «... cualquier profesional que actualmente seleccione, procese y difunda información es de alguna manera gestor de comunidades y contenidos. Hay quienes trabajan con estos perfiles laborales y quienes desarrollan estas tareas como parte de sus funciones. Así ocurre en las bibliotecas, donde el rango de competencias profesionales se ha ampliado con la gestión de comunidades y contenidos.»

La actividad del bibliotecario, identificado como content curator, se refleja entonces en la actividad de la biblioteca como institución: «La biblioteca es content curator cuando emplea herramientas participativas para la recepción de información, su

posterior filtrado, revisión, reelaboración y difusión mediante redes y medios sociales. La biblioteca es curadora de contenidos cuando establece procedimientos para el proceso de agregación, revisión y promoción de la información que considera de interés para sus usuarios.»

Para el autor, la actividad de curación se complementa con la labor del bibliotecario como community manager o gestor de comunidades: «La biblioteca es gestora de comunidades y contenidos cuando mantiene actividad en redes y medios sociales y utiliza servicios participativos para la obtención y agregación de información, el tratamiento de los recursos y la comunicación de los contenidos».

Aunque la actividad de curación de contenidos en cierta manera ya se cuenta entre los procesos usuales de las bibliotecas, para Merlo es una función diferente a la tradicional por el tipo de información/contenidos en que se centra la CC: «El concepto de curación de contenidos debe limitarse a la información digital, disponible en internet, que se puede agregar, reutilizar y difundir con herramientas específicas».

Según Merlo, ha sido la aparición de nuevas herramientas lo que ha determinado esta nueva concepción de la labor bibliotecaria de selección y difusión de información, herramientas que aportan nuevas maneras para tratar y compartir la información. Por ello, «el foco, desde mi punto de vista, está en las herramientas que hacen posible que de forma ágil recibamos y compartamos información con nuestros usuarios».

El modelo de Merlo es un marco útil con el que situar la CC en el quehacer de las bibliotecas. Pero también creemos que se le pueden hacer un par de críticas destacables. En primer lugar, la importancia dada a las herramientas es muy matizable. Y es que lo que hace de la CC un campo de práctica diferencial es la contextualización de los contenidos, el valor que el curator aporta a la información a partir de su tratamiento (la aplicación de diferentes estrategias de caracterización), y no tanto las herramientas. Demasiado a menudo, el énfasis en las herramientas impide fomentar la discusión sobre las mejores estrategias para enfocar la curación, así como sobre las técnicas para tratar la información y aportar valor. Ambos son aspectos que han de ser tenidos en cuenta si se quiere aplicar la CC de una forma consistente y continua. En segundo lugar, también es muy matizable el considerar que la CC debe restringirse a la información digital. Merlo sigue la opinión mayoritaria y en buena parte justificada de que la CC es una actividad propia del ámbito digital, pero consideramos que ello es un error. Para entender por qué, podemos aplicar el (llamémosle así) argumento de la preexistencia: si algunos profesionales, como los bibliotecarios, afirman que ya practicaban la CC antes de su popularización y que eso los convierte en curators (como afirma Merlo), podemos establecer que hay perfiles que practicaban una actividad no limitada al ámbito digital que solo después ha sido reconocida como CC. En el tercer capítulo veremos el ejemplo de Maria Popova y su plataforma Brain Pickings. Lo importante de resaltar estos casos es que muestran que la CC es una estrategia válida para aplicar a contenidos físicos, aunque el medio de difusión de estos sea digital, algo muy conveniente para

las bibliotecas, dado que a día de hoy sus colecciones siguen siendo mayoritariamente en formato físico. En un momento ofreceremos un marco alternativo con el que considerar la CC. Pero antes veamos una propuesta de aplicación de la CC en bibliotecas.

1.2. Las nuevas guías temáticas de Javier Guallar El modelo de Merlo sirve como base para la propuesta de aplicación de CC en las bibliotecas de Javier Guallar: lo que él denomina nuevas guías temáticas. El autor desarrolla esta idea principalmente en una entrada del blog Los Content Curators (mantenido junto con Javier LeivaAguilera), así como en un artículo para el Anuario ThinkEpi (Guallar, 2014; 2016a). La entrada en Los Content Curators es más conceptual que el artículo del Anuario, donde se recogen herramientas y ejemplos de aplicación, de modo que nos centraremos en el primer texto. Guallar explicita la conexión entre el modelo de Merlo y su propuesta: «Nuestra opinión es que la curación de contenidos aplicada al ámbito de las bibliotecas se puede entender como una oportunidad no solo para informar, sino para conectar y establecer vínculos con la audiencia con nuevas herramientas y productos.»

Esa función informativa y a la vez de vínculo con la audiencia podría ser llevada a cabo reciclando un producto clásico elaborado por las bibliotecas universitarias: las guías temáticas. Las primeras guías, entendidas como un conjunto de enlaces a recursos agrupados en categorías y subcategorías, tenían un carácter más bien estático y no siempre presentaban un aporte de valor por parte del bibliotecario. La aparición de las herramientas y plataformas 2.0 (como Delicious), que permiten un mayor dinamismo en su creación y difusión, han supuesto la popularización de las guías en el mundo bibliotecario. Para Guallar, este contexto es adecuado de cara a impulsar la creación de guías temáticas basadas en la CC, utilizando la abundancia de herramientas sociales disponibles en el mercado. El autor destaca algunas características importantes de estas nuevas guías: Actualización continua o regular de los contenidos Predominio de la información dinámica sobre la estática Variedad de canales de publicación Aportación de valor de diversa intensidad Diferentes frecuencias de publicación para diferentes productos Guallar resume lo dicho hasta ahora en unas líneas significativas: «Se trata por tanto de guías dinámicas fundamentalmente (sin excluir por ello la presentación estática de recursos), publicadas en diversos tipos de plataformas que permiten un alto grado de segmentación temática y una alta flexibilidad en la aportación de valor y la periodicidad de publicación. Estamos hablando, como Merlo recalca, del uso de plataformas 2.0, que permiten, además de lo dicho, la interacción con la audiencia/usuarios.»

Guallar es quien más y mejor ha escrito sobre CC en el ámbito de la Información y Documentación, así que su propuesta tiene la solidez del análisis razonado y fundamentado desde la experiencia. Como prueba de ello, en el artículo realizado para el Anuario, Guallar recoge y comenta diversas iniciativas reales de bibliotecas que llevan a cabo guías temáticas basadas en la CC en plataformas 2.0, como Pinterest, Scoop.it, Storify e incluso Facebook y Twitter (Guallar 2016a). Las nuevas guías temáticas no son, por tanto, una hipótesis de futuro, sino una realidad en desarrollo. No obstante, en las conclusiones del mismo artículo y a partir de su método de las 4 S’s,[7] Guallar hace una observación que vale la pena resaltar: «Y sin duda hay mucho margen de mejora. Se hace muy poca caracterización de contenidos o sense making en los productos de CC en las bibliotecas. Las dos primeras S’s (búsqueda y selección) se suponen bien empleadas (aunque seguramente aquí también se pueda afinar mucho más en la selección e integración de contenidos de las redes con la colección propia), mientras que en la última S, difusión, también se suele estar haciendo un buen trabajo por todo tipo de vías/redes sociales. Pero donde hay bastante recorrido de mejora es en la tercera S (sense making o caracterización de contenidos). En este sentido, los medios sociales están en muchos casos infrautilizados, como es evidente en aquellos que tienen mayores posibilidades, como Scoop.it, usado básicamente para la selección y muy poco para la caracterización.»

Está claro que ello no es una limitación en sí de la propuesta de Guallar, sino un desarrollo insuficiente de las posibilidades de la CC. Es algo sobre lo que reflexionar, puesto que para Guallar (y en ello coincidimos con el autor)... «El factor diferencial de la calidad de una CC no será solamente una buena selección de contenidos (que estén adecuadamente dirigidos a nuestros usuarios), sino ofrecer contextualización, comentarios, ayuda, guía, opinión... Será clave, por tanto, que los usuarios aprecien siempre la “voz” del curador de contenidos en sus productos: es decir, que la biblioteca, en este caso, tenga su propia “voz” como curadora de contenidos para su comunidad.»

Bien puede ser que esta carencia en la caracterización de contenidos venga facilitada por algo que criticábamos en el modelo de Merlo: el énfasis en las herramientas. Con su facilidad de uso, lo llamativo de los productos resultantes y su aceptación por un público amplio, muchos centros han apostado por las plataformas sociales, movidos por el deseo de crear comunidad con sus usuarios. Pero en un mercado saturado de curadores (profesionales o amateurs) utilizando plataformas sociales, parece razonable que los esfuerzos deban estar en otro sitio: en conseguir una voz propia con la que destacar, como comenta Guallar.

2. Un marco global para la CC Tras repasar el modelo de Merlo y la propuesta de aplicación de Guallar, vamos a esbozar un marco conceptual que sirva a las bibliotecas para crear una estrategia de CC adecuada a sus fines y características. En realidad, nuestro marco no es una propuesta radical ni novedosa, sino la adaptación de una disciplina que se consolidó casi a la par que la CC (Martínez-Cañadas, 2010): la

estrategia de contenidos (content strategy o CS). La CS es una disciplina que busca ejercer un control global sobre el contenido de una organización, prestando atención a todos los aspectos relacionados (metadatos, arquitectura de la información, estilo editorial, gobernanza, etc.).[8] El blog de Brain Traffic, una empresa de referencia en la CS, ofrece desde 2011 una representación gráfica de la CS en la que podemos visualizar sus principales componentes (Rach, 2011):

Figura 1. Estrategia de contenidos (Fuente: Brain Traffic http://braintraffic.com/blog/brain-traffic-lands-the-quad)

Para entender qué tiene que ver la CS con la CC, comentemos con algo más de detalle qué es la CS y después volvamos al gráfico de Brain Traffic. La actividad de una organización puede estar orientada a conseguir diferentes objetivos. En un contexto comercial, los más generales y comunes serían afianzar su posición en el mercado o incrementar sus ventas y su crecimiento. En el contexto de las bibliotecas y centros de información, podríamos hablar de posicionar la institución como una fuente fiable de información, promover la lectura y sus fondos, divulgar conocimiento... Para conseguir esos objetivos, el contenido juega un papel fundamental. En el mundo de la CS, el término contenido hace referencia a un amplio abanico de ítems, como las páginas web, las entradas de un blog, las conversaciones en medios sociales, las newsletters, los manuales internos de procedimiento, etc. El papel del estratega del contenido sería desarrollar las herramientas, los procesos y las tácticas más adecuadas para maximizar el impacto del contenido. Y para ello se necesita una estrategia (Zambonini, 2010). Para el tema de esta obra, centrémonos en un subtipo de contenido: aquel sobre el que gira el marketing de contenidos. El marketing de contenidos se centra en la publicación y distribución de contenido con el que conectar con las necesidades de una determinada audiencia. Con ello se espera atraer la atención de los usuarios, aumentar la base de clientes, incrementar las ventas, posicionar la marca, crear comunidad...[9] Es importante remarcar que el marketing de contenidos es una parte de la CS, dado que esta tiene el objetivo global de considerar los diferentes tipos de contenidos de una organización. Los contenidos que las organizaciones suelen utilizar en el marketing de contenidos también son muy amplios, como por ejemplo casos de estudio, testimonios, citas, reseñas de productos, etc. (Ellering, 2016). ¿De dónde se obtienen? Una opción puede ser crear todo el contenido de nuevo. Pero dado el coste de mantener un equipo dedicado a crear contenido original, la CC puede ser un medio alternativo de obtener contenido (Martínez-Cañadas, 2012).[10] La solución más extendida suele ser aplicar una estrategia mixta: ofrecer contenido propio y contenido de otras fuentes (contenido curado). Es aquí, pues, donde está la conexión entre la CC y la CS. Volvamos ahora al esquema de Brain Traffic. En el centro de la CS encontramos la estrategia creada por el estratega del contenido (core content strategy), una estrategia en la que participan dos tipos de componentes: los relacionados con el contenido (content components) y aquellos que tienen que ver con las personas implicadas en la estrategia (people components). Cada componente implica una serie de cuestiones clave que hay que planificar, ejecutar y evaluar antes, durante y después de poner en práctica la estrategia. El contenido curado se sitúa en el cuadrante superior izquierdo del esquema, sustancia (substance), junto con otro tipo de contenidos implicados en la estrategia. ¿Qué cuestiones clave hay que considerar para el contenido, tanto curado como propio? Entre ellas: Temas

Tipos de contenido Fuentes de donde obtenerlo Mensaje que se quiere comunicar a la audiencia El cuadrante inferior izquierdo, estructura (structure), implica otras cuestiones a tener en cuenta sobre el contenido, como por ejemplo: Jerarquía y organización de los contenidos Formateado Presentación En lo que se refiere a los cuadrantes de la mitad derecha del esquema, tenemos: Flujo de trabajo (workflow): los procesos, herramientas y recursos humanos que se necesitan para poner en marcha y mantener las iniciativas relativas al contenido. Gobernanza (governance): qué personas toman las decisiones clave sobre el contenido y sobre la estrategia a llevar a cabo, así como las vías de comunicación que han de establecerse para ello. Creemos que aplicar el esquema de la CS puede ayudar a las bibliotecas a acomodar y sistematizar una estrategia para la CC que ayude a conseguir sus propios objetivos. Por supuesto, es una propuesta de máximos: que se especifiquen y se regulen en su totalidad todas las cuestiones incluidas dependerá del tipo de centro, de sus necesidades e intereses, así como de sus recursos. Además, regular todos y cada uno de los aspectos puede acabar siendo contraproducente en lo que respecta a, por ejemplo, la creatividad del curador en el momento de tratar y presentar la información. Aun así, no puede llevarse a cabo una CC coherente y bien realizada si todo se deja al azar y la improvisación. El esquema recoge todos los aspectos fundamentales a tener en cuenta, y al hacerlo tiene varias ventajas. En primer lugar, incluye y amplía la utilidad de las metodologías de curación. Porque el esquema de la CS nos permite crear un plan estratégico, una guía con la que actuar, siendo la metodología de curación la aplicación práctica del plan. Pensemos en la metodología de curación más difundida: las 4 S's de Guallar y Leiva-Aguilera, [11] es decir: search (búsqueda), select (selección de resultados), sense making (caracterización) y share (compartir). Aplicar una metodología para obtener contenidos implica que hemos de tener claros unos puntos iniciales: ¿cuál es nuestro propósito?, ¿qué temas queremos tratar?, ¿cuáles son las herramientas más adecuadas?... Son preguntas que Guallar y Leiva-Aguilera incluyen en la fase de diseño de su metodología.[12] Como hemos visto más arriba, la respuesta a esas preguntas se obtiene de una estrategia

creada completando los cuadrantes del esquema de la CS. En la fase de diseño de Guallar y LeivaAguilera, los curadores cuentan, por tanto, con una lista de verificación (checklist) con la que confirmar si hemos planificado todos esos puntos antes de aplicar la metodología de curación. En caso contrario, necesitamos volver al esquema de la CS para incluirlos donde corresponda. Pero el esquema también incluye aspectos que no suelen contemplarse en las metodologías de curación, en especial relativos a los recursos humanos y la gobernanza, como por ejemplo los roles del equipo implicado, la documentación de los procesos (directrices, estándares de calidad, políticas de la organización), si hay revisores de calidad del contenido, las vías de comunicación entre los responsables...[13] También trata aspectos más propios del contenido en sí, como el tipo de organización y jerarquía, la categorización, la redacción SEO... El esquema de la CS también es útil para dos cuestiones que hemos tratado al analizar la propuesta de guías temáticas de Guallar: por un lado, el desarrollo de una «voz» que los usuarios puedan apreciar en los contenidos curados y en los productos que se deriven; por otro, la necesidad de contar con las técnicas de caracterización como una parte fundamental de la CC. Son dos temas que también suelen incluirse en la fase de diseño de las metodologías de curación, pero, como indica Guallar, hay mucho margen de mejora y mucho trabajo por hacer. Ambos puntos, la voz y las técnicas, pueden ser considerados en los cuadrantes sustancia y estructura, con lo que tenemos un recordatorio de la necesidad de planificarlos de manera explícita (o al menos de no darlos por sobreentendidos). Por último, señalemos otra ventaja: el esquema de la CS nos permite otorgar una importancia ponderada a los diferentes factores que entran en juego en la CC, con lo que solventamos una de las limitaciones que encontramos en el modelo de Merlo: las herramientas a utilizar no se sitúan en el centro de la estrategia, sino que son una parte más de la misma. Estas últimas consideraciones sobre las herramientas y las técnicas de caracterización nos servirán de puente para el próximo capítulo. En él trataremos una herramienta que cuenta con múltiples posibilidades para tratar y presentar los contenidos y que solventa algunos de los inconvenientes de las plataformas sociales: el blog.

Capítulo III

CURACIÓN DE CONTENIDOS EN BLOGS La popularidad de la CC se ha plasmado en buena parte en la aparición de numerosas herramientas para tal cometido. A pesar de que varias de ellas permiten crear productos muy atractivos, en nuestra opinión los blogs representan la herramienta más poderosa y flexible. En el primer apartado presentaremos algunos argumentos para apoyar esta afirmación. En el segundo apartado veremos tres ejemplos de éxito de CC en blog que muestran tres posibles prácticas de CC que las bibliotecas pueden implementar. A continuación repasaremos los tipos de entradas basadas en CC más populares en la actualidad y cerraremos el capítulo con ejemplos de cómo hacer sense making o caracterización de contenidos en blogs.

1. ¿Por qué curar en blogs? El primer motivo para preferir los blogs a otras herramientas tiene que ver con algo de lo que hemos hablado en el capítulo anterior. Las plataformas sociales para curar contenidos tienen limitaciones intrínsecas, en especial en lo referente a la caracterización de contenidos (también en otras cuestiones, como el número de temas que permiten curar). Es un hecho esperable, ya que parte del negocio de las empresas que gestionan estas plataformas está en ofrecer versiones mejoradas de pago, con funcionalidades de las que carecen las versiones gratuitas. Sin embargo, puede llegar a ser un inconveniente doble: por un lado, se pierde en gran medida aquello distintivo de la CC, el tratamiento de la información y el aporte de valor del curador; por el otro, perder valor implica que será más difícil diferenciar nuestra actividad de curación de la de otros individuos o instituciones, sobre todo en un mercado plagado de propuestas interesantes. Respecto a las plataformas sociales, los blogs ofrecen una alta flexibilidad, tanto para tratar los contenidos con las principales técnicas de caracterización como para combinar estas entre sí. Además, ofrecen amplias posibilidades para dar formato al contenido, algo siempre recomendable para conseguir una mayor claridad en el mensaje. También son múltiples las posibilidades de crear categorías, jerarquías y menús con los que ofrecer al usuario un contexto adicional. Mencionemos otros tres motivos importantes por los que llevar a cabo la CC en blogs: En primer lugar, los blogs son herramientas que tienen una alta implantación en el mundo bibliotecario. Aunque su utilización pueda ser desigual, los blogs forman parte del repertorio de herramientas de comunicación de muchas bibliotecas e instituciones, por lo que su uso está plenamente integrado, tanto en el imaginario de los bibliotecarios como (lo más importante) en el imaginario de los usuarios. Ello puede ser una ventaja estratégica ante plataformas más novedosas

y aparentemente más prometedoras pero que carecen de un amplio arraigo o de un reconocimiento extendido entre los usuarios (Guallar, 2016b). En segundo lugar, los blogs permiten crear contenidos largos (longform) y atractivos gracias a las posibilidades de dar diversos formatos al texto. A pesar de que se ha sostenido durante mucho tiempo que los contenidos web han de ser cortos porque la atención del lector es escasa, lo cierto es que dicha afirmación se ha visto desmentida en los últimos años por un boom de contenidos largos y de calidad (Pico, 2015). Parece que los lectores digitales están receptivos a los contenidos longform, como muestra el éxito de plataformas especializadas, así como el mayor tiempo de lectura que se les dedica, algo que no cuadra con la lógica de que si los contenidos son largos, los usuarios se cansan antes. Los contenidos longform tienen claras ventajas respecto a los contenidos más escuetos: ofrecen una calidad extra y son generadores de prestigio para la entidad u organización que los crea. Además, facilitan el posicionamiento de los contenidos en buscadores gracias a estrategias SEO. En tercer lugar, una última ventaja no menos importante: la creación de contenidos híbridos (Martínez-Cañadas, 2017b). La mayoría de colecciones bibliotecarias siguen teniendo un formato físico. Ahora bien, que la CC sea una actividad muy ligada al medio digital no impide que pueda ser llevada a cabo con materiales físicos (en seguida veremos un ejemplo de caso) o incluso que ambos medios, el físico y el digital, puedan combinarse para crear valor añadido. De este modo, un contenido digital puede ser la puerta para hablar de materiales de una colección física, los que a su vez, si el usuario lo desea, pueden complementar la compresión del contenido digital, y viceversa.

2. Modelos de curación: tres breves casos de estudio Dediquemos este apartado a examinar, brevemente, tres casos donde los blogs se utilizan para llevar a cabo una estrategia de CC exitosa. Cada uno de ellos utiliza una estrategia de base diferente, con (podemos decir) filosofías diversas de CC. Nuestro somero tratamiento no hará total justicia a estos casos, pero desvelar sus filosofías puede darnos una idea de las posibilidades de la CC en blogs, así como iluminar o matizar algunos aspectos de la CC como actividad. Nuestra intención no es dar a entender que seguir alguno de estos modelos puede suponer el éxito de la estrategia de CC de una biblioteca. Los casos de éxito más bien deberían servir para replantear nuestras prácticas, ampliar la visión de sus posibilidades y aprender a desarrollarlas de manera fresca. En suma: los casos de éxito deberían ser una invitación al aprendizaje y a la innovación, y no a la copia.

2.1. Maria Popova (Brain Pickings)

http://www.brainpickings.org/ Maria Popova es una de las content curators más populares en la actualidad, si no la más. Su trabajo en el blog Brain Pickings le ha valido reconocimientos y loas en medios tan significativos como el New York Times (Feiler, 2012), lo que ha contribuido a afianzar la mitología de Popova como un nombre de referencia en el ámbio cultural. Los orígenes de Brain Pickings se sitúan en el año 2006 como una lista de correo que Popova creó para los compañeros de la agencia de marketing para la que trabajaba. Los miembros de la agencia compartían información de la industria de la publicidad en busca de inspiración. Pero, según se cuenta, Popova consideraba que la manera más adecuada de fomentar la creatividad era exponerse a la información de fuera de la industria, con contenidos con los que no estuvieran familiarizados.

Figura 2. Quoting en un artículo de Brain Pickings (Fuente: https://www.brainpickings.org/2017/07/10/adam-phillips-darwins-worms-life-death/)

El resto, como dicen, es historia: Brain Pickings se ha convertido en una plataforma visitada por miles de personas al día, como también se cuentan por miles sus suscriptores y sus seguidores en redes sociales. Además, Popova ha colaborado con medios como The Atlantic, Wired UK y The Huffington Post. Buena parte del éxito de Popova se basa en su manera de entender la CC. La mayoría de

comentaristas defienden dos ideas en cuanto a la CC: primero, que es una actividad dedicada al contenido digital; segundo, que la función de los curadores es aliviar la infoxicación, separando el grano de la paja y ofreciendo lo más relevante del ámbito en que se desempeñan. Pero la estrategia de Popova parece contradecir o al menos matizar ambas afirmaciones. En alguna ocasión,[14] Popova ha declarado abiertamente su oposición al modelo de acceso a la información mediado por buscadores (en especial Google). Según ella, un buen número de contenidos online están pensados para una rápida caducidad. Por el contrario, su actividad de curación se centra preferentemente en contenidos offline, sobre todo libros en formato físico, en busca de materiales raros, poco frecuentes, que aporten a los lectores alguna muestra de conocimiento (e incluso de sabiduría) perenne. Esta filosofía es lo que en alguna ocasión hemos denominado estrategia de la escasez (Martínez-Cañadas, 2016b), una estrategia que tiene dos implicaciones interesantes. En primer lugar, el concepto de lo escaso suele ir asociado al concepto de valor: cuanto más escaso es un bien o un servicio, más valioso se percibe. Lo mismo podemos decir de los contenidos: cuanto más escasos, cuanto menos frecuentes, más oportunidades de que el público los considere intrínsecamente valiosos. Apostar por la escasez, no obstante, no garantiza el éxito si los contenidos no consiguen conectar con el público. Popova solventa esta dificultad con dos hábiles movimientos: la selección de sus contenidos, muy centrados en la cultura literaria y en lo visual (los libros ilustrados suelen figurar entre sus elecciones), y con la manera de presentarlos, mediante una presentación gráfica preciosista y cuidada al detalle y usando titulares llamativos (llenos de términos que captan nuestra atención, como timeless, wisdom o stunning). En segundo lugar, la estrategia de la escasez sitúa al curador en una relación ambigua respecto a la infoxicación. Y es que si no existiese la abundancia informativa, tampoco existirían por contraposición los materiales escasos, por lo que no está claro que una curadora como Popova esté interesada en la lucha contra la infoxicación (a pesar de lo que puedan dar a entender sus declaraciones contra la cultura Google). El caso de Maria Popova es significativo para las bibliotecas en un doble sentido: primero, porque muestra que la CC puede aplicarse con éxito a materiales como los libros físicos, utilizando técnicas de caracterización adecuadas (en el caso de Popova tiene gran importancia la citación); segundo, porque las oportunidades de aplicar la estrategia de la escasez son enormes en centros de carácter generalista, como las bibliotecas públicas, o con un importante fondo histórico y patrimonial.

2.2. Big Think http://bigthink.com/ El boom de la información digital suele despertar una pregunta nada fácil de responder: ¿cómo

hacer que el exceso de información disponible se convierta en conocimiento para los individuos? Esa es la misión central de la plataforma Big Think. No en vano, desde que se fundó en 2008 por Peter Hopkins y Victoria Brown, uno de los lemas con los que Big Think se ha presentado al público es «Smarter, Faster», esto es, «Más inteligente, más rápido». En la sección «About Us» de su página web se nos comenta algo más de sus principios, así como de su funcionamiento. Big Think pretende ofrecer a los lectores grandes ideas que les permitan dar sentido al mar de información en el que vivimos, siempre poniendo énfasis en la interdisciplinariedad. Para ello, la plataforma cuenta con un nutrido equipo de colaboradores (2.000, según se nos dice), entre los que se incluyen algunas de las mentes más brillantes del pensamiento moderno. El equipo editorial de Big Think se encarga de interrogar a los colaboradores sobre los últimos desarrollos en sus campos para después decidir cuáles de esas ideas aparecerán en la plataforma (según criterios de significancia, relevancia y aplicabilidad). Dada la preferencia por el formato de vídeo para presentar las ideas de los expertos, Big Think fue conocida durante un tiempo como el YouTube de las ideas (o también como el YouTube de los intelectuales).[15] El formato de vídeo convive con el tradicional artículo de blog. Agrupados en grandes categorías como «Bussiness», «Politics» o «Science», las entradas de Big Think nos presentan comentarios, análisis e incluso fragmentos de libros de próxima aparición. Pero esto no siempre ha sido así. En el curso de la historia de la plataforma, se ha producido un cambio en el enfoque de las entradas, dejando de lado la que creemos que era la característica formal más interesante de Big Think en cuanto a la curación y contextualización de ideas. La manera de llevar ambas a cabo era sencilla y elegante, además de muy informativa. La noticia seleccionada se resumía bajo el encabezamiento «What’s the latest development?» [‘¿Cuál es el último desarrollo?’]. Justo a continuación, la noticia se contextualizaba bajo el encabezamiento «What’s the big idea?» [‘¿Cuál es la gran idea?’]. Con esta presentación de contenidos, Big Think permitía una digestión eficaz de la información y, por tanto, facilitaba a su público la tarea de poner orden al caos informativo y de seguir las tendencias más relevantes del pensamiento contemporáneo. La contextualización de información en una entrada de blog no ha de tener necesariamente el formato de Big Think, pero sí es imprescindible que se dé, y que lo haga de una manera clara, algo central en la CC; con frecuencia esto se descuida en las entradas de blog. Pensando en las bibliotecas, Big Think nos parece un buen ejemplo de cómo sacar partido a la abundancia de nueva información, un enfoque totalmente opuesto al de Maria Popova. El carácter interdisciplinar de la plataforma y su presentación de los contenidos transmite el mensaje claro de compromiso con el arte de convertir la información de nuestro día a día en conocimiento.

2.3. Open Culture

http://www.openculture.com/ Open Culture es otra de las plataformas dedicadas a la CC más populares en la actualidad. Como Big Think, ha sufrido cambios en su manera de presentar los contenidos, pero también en el tipo de contenidos que ofrece. En el apartado «About Us» de su web podemos saber más de las intenciones y misiones de Open Culture. Fundada en 2006 por Dan Colman (todavía es el editor en jefe), la función de la plataforma es reunir contenidos educacionales y culturales de alta calidad para potenciar el aprendizaje continuo. Según los impulsores del blog, la web 2.0 ha permitido una ingente difusión de ese tipo de materiales, materiales que son «gratis». El trabajo de la gente de Open Culture es curar los contenidos y centralizarlos en su plataforma. A día de hoy, en Open Culture podemos encontrar una vasta colección de materiales, entre los que se incluyen referencias a MOOCs, películas online, audiolibros, ebooks y cursos de idiomas. Sin embargo, en consonancia con su filosofía de curación, Open Culture ha abierto su abanico de contenidos curados. Lo audiovisual sigue teniendo una importancia fundamental, pero potencia lo que podríamos llamar curiosidades culturales: vídeos de YouTube o de plataformas semejantes que muestran a figuras de la cultura popular y de la alta cultura, sus ideas y actividades artísticas o una reinterpretación de estas (como por ejemplo animaciones hechas por otros artistas). También podemos encontrar entradas semejantes a las de Maria Popova dedicadas a libros, recopilaciones de playlisits, comentarios sobre otros sitios web, documentales, infografías, obras originales de creadores anónimos... En fin, todo un universo de contenidos de lo más variopinto comentado y contextualizado para su interpretación. En cierta forma, Open Culture representa una estrategia intermedia entre Big Think y Maria Popova: por un lado, se beneficia del inmenso caudal de información contemporánea mediante su recopilación y puesta en valor; por el otro, apuesta por las rarezas, por contenidos poco frecuentes y difíciles de hallar. Y es esa combinación, junto con el uso intensivo de lo audiovisual, lo que explica en buena parte su popularidad. El caso de Open Culture es relevante para las bibliotecas que cuentan con fondos generalistas, como las bibliotecas públicas, tanto por el tipo de contenidos curados como por la manera de llevar a cabo la curación. Como apuntábamos antes, una función importante de las bibliotecas públicas sigue siendo ser depositarias y transmisoras de los productos de la creatividad y la razón humanas para el fomento de la educación y el conocimiento. Como nos enseña el caso de Open Culture, la inabarcable cantidad de contenidos que circulan por internet puede ser otra herramienta con la que cumplir los fines educativos y formativos de la biblioteca pública. Y es que las misiones de las bibliotecas son en cierto sentido independientes del formato transmisor: la colección (en formato físico o digital) es un punto de partida, pero no el fin en sí mismo.

3. Entradas basadas en CC: formatos más populares El objetivo de este apartado es ofrecer una muestra de la variedad de tipos de entradas basadas en CC que se pueden realizar en un blog. Javier Guallar aborda el análisis de las entradas de blogs basadas en CC (Guallar, 2017), y en su estudio propone un clasificación anidada: dos grandes parámetros, contenidos y curación, subdivididos en varios indicadores que, a su vez, están formados por diferentes categorías: Contenidos Cantidad de fuentes de contenidos curados Un solo contenido Varios contenidos Rango temporal del contenido curado Información retrospectiva o atemporal Información reciente Información actual Información en tiempo real Procedencia del contenido curado Contenidos externos Contenidos propios Contenidos propios y externos Curación Técnicas de caracterización o sense making Resumir o comentar (summarizing) Citar (quoting) Storyboarding Paralelizar (parallelizing) Integración del contenido curado en el artículo Enlace embebido en el texto

Url explícita Imagen Contenido incrustado desde una plataforma social media La heurística de Guallar viene a llenar un hueco existente en la literatura sobre la CC: permite observar el mecanismo interno de este tipo de productos a la vez ofrece una forma útil de aislar los diferentes tipos para facilitar su estudio (recomendamos la lectura del artículo original de Guallar, en el que se mencionan y analizan ejemplos de cada grupo). Por nuestra parte, seguiremos el espíritu pragmático que impulsa esta obra y mencionaremos diez de los formatos de entradas más populares en la actualidad que pueden ser aplicados en bibliotecas. La lista no pretende ser exhausitva, sino tan solo informativa. La intención no es analizar los formatos en profundidad ni clasificar sus tipologías, sino ofrecer un esbozo de las maneras en que la CC se puede plasmar en una entrada de blog. En cada formato mencionaremos algunos ejemplos, a los que el lector interesado puede acudir para completar la imagen. Presentaremos los formatos en un muy aproximado orden creciente de complejidad. Si bien esta puede ser una propiedad subjetiva (en función de las habilidades y de los intereses del curador), esperamos que nuestra presentación revele que no todos los formatos requieren ni el mismo esfuerzo ni la misma dedicación. 1. Recopilación de enlaces/noticias Sin duda, el formato más extendido. La presentación de los enlaces/noticias (y por tanto su contextualización) puede ser muy variable: desde una sola mención al título hasta una breve referencia a su contenido. Ejemplos: la sección del blog de Miquel Pellicer «Los mejores artículos»,[16] en la que las noticias tienen el formato de tuits incrustados, o la plataforma The Browser,[17] en la que cada artículo seleccionado es resumido en unas pocas líneas para ofrecer una indicación de su contenido. 2. Recopilación de enlaces/noticias en fotogalería/videogalería Una variante del formato anterior que busca resaltar la selección mediante el recurso de la imagen. Ejemplos: tanto las imágenes como las videogalerías suelen ser muy frecuentes en los medios periodísticos. Como ejemplo de lo primero, el artículo «Día nacional del libro» en la edición mexicana del Huffington Post;[18] como ejemplo de lo segundo, el artículo «Canciones de George Michael para recordar» en el diario El País.[19] 3. Imagen del día Una manera de presentar un contenido apelando al poder de la imagen. Ejemplos: los medios periodísticos también destacan en este formato, aunque hay un amplio

abanico de plataformas que lo utilizan (o lo han utilizado), como Hipertextual[20] o la NASA.[21] 4. Extraer ideas de un libro Un formato basado en la técnica de caracterización citar (quoting). Ejemplo: Maria Popova es sin duda el ejemplo más destacado de este tipo de formato, con la bella disposición de las entradas en su plataforma Brain Pickings. 5. Guías personales de lectura/audición/visionado Las guías de lectura, pero también de audición y visionado, suelen ser un recurso muy utilizado en las bibliotecas para presentar los libros relacionados con una materia o autor. No obstante, en este tipo de formato no prima tanto la exhaustividad a la hora de recopilar los contenidos como el presentar una selección subjetiva y personal. Ejemplo: dada la multitud de sitios y plataformas dedicados a la lectura, son numerosos los ejemplos que podríamos aducir. Optaremos por mencionar un ejemplo dedicado a la música: la entrada «La primavera la sang m’altera,...» [‘La primavera la sangre me altera...’][22] de la estantería virtual dedicada a la música[23] de la Biblioteca Virtual de la Xarxa de Biblioteques Municipals de la Diputació de Barcelona.[24] 6. Listas A diferencia de las recopilaciones de enlaces o noticias y de las guías de lectura, las listas no están necesariamente referidas a temas de actualidad ni a un tipo de producto cultural. Todo cabe, pues, en ellas. Ejemplo: en el ámbito de la Información y Documentación, Julián Marquina hace en su página web un uso intensivo de las listas para crear entradas. Como ejemplo, la entrada «10 puntos que debes tener en cuenta sobre las redes sociales en tu biblioteca».[25] 7. Comentario experto Un formato que puede presentarse en diversas variantes, ya sea como una opinión abierta sobre un tema o en forma de consejos o trucos en relación a diferentes ámbitos (como ventas, marketing...). Ejemplo: la entrada «Consells per augmentar la visibilitat dels articles de recerca» [‘Consejos para aumentar la visibilidad de los artículos de investigación’][26] en el blog del CRAI de la Facultat de Lletres de la Universitat de Barcelona.[27] El escrito es una traducción de los consejos recogidos en un artículo de Jon Tennant[28] adaptado a los recursos de la Universitat de Barcelona y resumido en formato infografía. Además, incluye enlaces a un par de recursos adicionales sobre la cuestión.

8. Pasar revista a una cuestión Uno de los formatos que acerca la CC a la práctica tradicional del periodismo: recopilar, comentar y relacionar contenidos que hacen referencia a un tema o problemática. Ejemplo: el blog de la Biblioteca Nacional de Catalunya[29] recoge una entrada[30] sobre la exposición que la Diputación Provincial dedicó a Enric Prat de la Riba en 1967. La entrada nos ofrece un análisis del evento, recogiendo imágenes y citas de fuentes de la época. 9. Listicles El término es una contracción entre list y article, y hace referencia a esta doble naturaleza: un artículo en el que la argumentación se presenta y estructura en forma de lista. Es, por tanto, un formato diferente a las listas, aunque la estructura superficial pueda dar a entender lo contrario. Si bien la argumentación puede ser original, eso no excluye la utilización de contenido curado, ya sea de otros o creado por el propio curador. Ejemplo: mencionemos de nuevo a Julián Marquina, que también hace un uso intensivo de los listicles en su blog. Como ejemplo: «10 razones para que te animes a ser bibliotecario».[31] 10. Storyboards La traducción de storyboard es ‘guion gráfico’, expresión que ya nos da una idea del tipo de formato: la recopilación de fuentes diversas, con preeminencia del formato visual, para explicar una historia. Es un tipo de formato que se corresponde plenamente con la aplicación de la técnica de caracterización storyboarding. Ejemplos: la popular plataforma para curar contenidos Storify basa su funcionamiento en la creación de storyboards. Diversos medios periodísticos han experimentado con Storify, como The Guardian[32] o El País.[33] No obstante, no es imprescindible utilizar una herramienta concreta, dada la capacidad de los blogs para embeber contenido multimedia. Como ejemplo, la entrada «Música i tradicions nadalenques a Castelló» [‘Música y tradiciones navideñas en Castellón’][34] en el blog de la Universitat Jaume I,[35] una recopilación de recursos del repositorio de la Universitat, tanto texto como imágenes y audio, para formar una historia en torno a un tema tan específico.

4. Caracterización de contenidos en blogs: ejemplos Hemos aludido a la flexibilidad para tratar los contenidos como una de las ventajas de los blogs frente a otro tipo de plataformas. Para mostrar dicha flexibilidad, mencionaremos tres

ejemplos tomados de la actividad del autor de este libro en Bibarnabloc,[36] la plataforma de recomendaciones culturales de Biblioteques de Barcelona. En dos de estos ejemplos se optó por realizar una caracterización mixta, es decir, combinando algunas de las estrategias de caracterización. Aunque no es imprescindible en todos los casos, consideramos que con la mezcla de estrategias se pueden crear productos innovadores y altamente informativos. Presentaremos los ejemplos por orden de complejidad: Ejemplo 1: «Com els mitjans de comunicació van distorsionar les guerres de Iugoslàvia» [‘Cómo los medios de comunicación distorsionaron las guerras de Yugoslavia’].[37]

Entrada dedicada al libro Y llegó la barbarie, de Jose Ángel Ruiz Jiménez. En su obra, Ruiz Jiménez realiza un completo recorrido por los antecedentes, causas y consecuencias de los conflictos armados que, en la década de 1990, azotaron a la extinta Yugoslavia. En lugar de realizar una reseña de la obra, se opta por extraer una idea que consideramos significativa: la manera en que los medios de comunicación presentaron en su momento aquellos conflictos, contribuyendo a crear una imagen distorsionada de los motivos de las mismos y de los contendientes. La entrada está realizada siguiendo la técnica de caracterización citar, ofreciendo fragmentos relevantes del texto de Ruiz Jiménez con una tipografía destacada. Ejemplo 2: «Els preescolars poden diferenciar entre pintures abstractes fetes per artistes i les fetes per altres infants o per animals» [‘Los preescolares pueden diferenciar entre pinturas abstractas hechas por artistas y las hechas por otros niños o por animales’].[38]

El texto se centra en un estudio de psicología sobre la percepción que los menores tienen del arte abstracto. Para comentar tanto la metodología del estudio como sus conclusiones, se utilizan dos reseñas del estudio publicadas en medios internacionales (técnica resumir). Las fuentes son mencionadas en el artículo y se incluye una cita traducida de una de las reseñas (técnica citar). También se menciona, aunque brevemente, otro estudio de las autoras del estudio reseñado (técnica paralelizar). A continuación, los artículos sirven de puente para recomendar una obra del fondo de Biblioteques de Barcelona sobre los fundamentos y las principales ideas del arte abstracto (técnica paralelizar), utilizando un resumen de la obra (técnica resumir) y una cita de su introducción (de nuevo, técnica citar).

Figura 4. Post de Bibarnabloc comentado como Ejemplo 2 (Fuente: http://bibarnabloc.cat/2016/04/28/preescolars-diferenciar-pintures-abstractes-fetes-artistes-fetesaltres-infants-animals/) Ejemplo 3: «La girafa: un gegant en perill d’extinció» [‘La jirafa: un gigante en peligro de extinción’].[39]

A finales del año 2016, un informe de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza[40] declaró que la jirafa pasaba a estar en peligro de extinción. La entrada abordó la noticia utilizando artículos publicados en otros medios de comunicación (nacionales e internacionales). Algunas de las ideas de aquellos artículos fueron resaltadas (técnica citar). La jirafa es un animal icónico, por lo que se aprovecha para mencionar algunas de las curiosidades biológicas que hacen tan especial a este animal. Para ello, se utilizan contenidos científicos: un artículo de la publicación Materia[41] y un vídeo de un documental divulgativo disponible en YouTube. Del artículo se extrajeron citas relevantes (técnica citar), mientras que el vídeo, además

de ser incluido en la entrada, fue resumido en sus puntos principales (técnica resumir). Finalmente, el escrito fue utilizado para mencionar una obra del católogo de Biblioteques de Barcelona sobre la diversidad y evolución biológica. En global, podemos decir que la entrada es un storyboard que utiliza diferentes fuentes no directamente relacionadas con el tema central (técnica paralelizar).

Capítulo IV

CURACIÓN DE CONTENIDOS EN EL ESPACIO FÍSICO DE LA BIBLIOTECA Este último capítulo está dedicado a una propuesta sui generis de aplicación de CC en las bibliotecas, basada en la extensión de un recurso muy utilizado en las mismas: la exposición física de obras. Tras poner de manifiesto la estrecha relación entre el ámbito museológico y la CC, matizaremos el concepto de exposición bibliotecaria tal y como se suele entender. Esa matización nos permitirá introducir nuestra propuesta, reforzada con la mención de algunos problemas de la exposición bibliotecaria clásica. Por último, mencionaremos algunas bases conceptuales con las que aumentar las potencialidades de la exposición bibliotecaria clásica, acercándonos con ello a la comunicación de información que tiene lugar en el museo moderno.

1. Las raíces museológicas de la curación de contenidos Una de las polémicas más candentes en torno a la CC está relacionada con los términos curación y curador. Sin ánimo de reavivar disputas (ni mucho menos de zanjarlas), es importante que aquí hagamos una referencia breve al asunto. Como Guallar y Leiva-Aguilera indican en su obra (Guallar, Leiva-Aguilera; 2013), el curator digital está emparentado con la figura del curator del mundo del arte y los museos. Aunque para este perfil profesional se suele utilizar la expresión comisario de exposición, no es poco frecuente que también se le denomine con el barbarismo curador. Por extensión, al content curator del ámbito digital también se le denomina en ocasiones curador de contenidos. Aunque –de manera intuitiva– podemos decir que en los museos los curadores son los profesionales que se encargan de las exposiciones, lo cierto es que esta sería una caracterización muy pobre de su labor, dados los cambios que la misma ha sufrido con el tiempo. El perfil del curador de museo quizá se remonte hasta los siglos XVIII y XIX (Espacio Visual Europa, 2017a), producto de la necesidad de los coleccionistas acadaulados de contar con especialistas para el cuidado, mantenimiento e investigación de sus colecciones. Durante buena parte de su historia, los curadores fueron el único personal profesional de los museos, y por ello llevaban a cabo tareas de lo más variadas: adquisición de colecciones, catalogación, inventariado, interpretación de obras, planificación de programas educativos, etc.

A mediados del siglo XX, se inició un proceso de reconocimiento y formación profesional en las diferentes categorías de personal de museo. Aunque en un primer momento esta diversificación pudo ser asumida como una amenaza por el curador-erudito tradicional, lo cierto es que a la larga la figura del curador vivió una expansión y un incremento de popularidad. El curador moderno compite en estatus e importancia con los mismos artistas, en especial en el caso de los curadores independientes, no ligados a una institución en particular (Espacio Visual Europa, 2017b). Y es que el producto de su trabajo, la exposición, ya no se considera una actividad pasiva, sino un hecho creativo en sí mismo: la exposición puede ser una cocreación entre el curador y el artista, y también una herramienta de análisis y crítica de cuestiones con implicaciones artísticas, sociales, culturales o políticas. En seguida mostraremos por qué es relevante la idea del curador de museo como agente creativo para el tema que nos ocupa (la CC en las bibliotecas), pero antes hemos de hablar del concepto de exposición bibliotecaria.

2. Las exposiciones bibliotecarias no son exposiciones Las exposiciones bibliotecarias son una de las herramientas más utilizadas y más versátiles con las que cuentan los bibliotecarios. Su función principal suele ser dinamizar el fondo, mostrar su presencia y fomentar su uso, utilizando como hilo conductor la publicitación de novedades, la conmemoriación de fechas significativas, noticias de actualidad, etc. A pesar de su innegable utilidad, las exposiciones bibliotecarias encierran una interesante paradoja: no son exposiciones propiamente dichas. Para apreciar este hecho, comparemos los términos que se utilizan para hacer referencia a esta actividad en español e inglés. Lo que nosotros denominamos exposiciones, en inglés recibe un nombre más acorde con su naturaleza: library displays, expresión que traducida muy literalmente sería algo así como ‘muestras bibliotecarias’, en el sentido de muestra de documentos que la biblioteca posee sobre un tema en particular. Asimismo, el equivalente en inglés al término exposición es exhibition, palabra que se reserva para las exposiciones tipo museo. El matiz no es trivial, porque encierra un par de debilidades propias de las muestras bibliotecarias que merece la pena mencionar. Por muy versátiles que sean las muestras bibliotecarias, cuando están mal planteadas suelen acabar tomando la forma de un revoltijo de materiales de difícil digestión: una mesa o un expositor lleno de documentos, quizá con un rótulo o cartel a modo de indicador sobre la temática de la muestra... Es cierto que el escaparatismo cultural (la disposición de los materiales de maneras llamativas y creativas) puede ser una forma de llamar la atención de los usuarios hacia la muestra de materiales, pero no es menos cierto que el énfasis en los aspectos visuales y decorativos puede acabar restando empuje a aquello que de verdad debería ser lo importante: el contenido de los

materiales. Señalemos otra debilidad de las muestras bibliotecarias. Para buscar los documentos de la muestra, generalmente los bibliotecarios realizan búsquedas en el catálogo por materia o por palabra clave. No obstante, puede que en la colección tengamos materiales que no hayan sido recuperados por esas búsquedas, aunque también sean relevantes para el tema en cuestión.[42] Esto puede suceder porque la elección de palabras clave para la búsqueda es insuficiente o porque el catalogador ha considerado que el tema principal del documento es otro, aunque un examen más detallado pueda mostrarnos que su contenido está relacionado con el tema de la muestra: porque se examina en un capítulo o sección, porque contiene un contraargumento, porque examina una cuestión conectada con nuestro tema, etc. La manera usual en que el bibliotecario busca los materiales con los que prepara una muestra tiene una doble consecuencia: por un lado, las muestras quedan empobrecidas al limitarse a un subconjunto de los documentos posibles, con lo que perdemos una ocasión de sorprender a nuestros usuarios y de generar nuevo conocimiento; por el otro, grandes áreas de la colección (de hecho, la mayoría de áreas) quedan condenadas casi de forma perpetua a la invisibilidad. Extender el concepto de muestra bibliotecaria a otro más completo como es el de exposición bibliotecaria podría ayudarnos a mitigar esas dos consecuencias. Y ello en un momento en que buena parte de la comunidad bibliotecaria reivindica la necesidad de repensar lo que el espacio físico de las bibliotecas puede ofrecer a los usuarios.

3. La exposición: un medio de comunicación Como hemos defendido en esta obra, la CC no tiene por qué ser aplicada en exclusiva a contenidos digitales. De hecho, no son pocos los curadores que la aplican a contenidos físicos que posteriormente son divulgados en medios digitales (plataformas sociales o blogs). La conexión entre museología y CC puede acabar de ayudarnos a explotar la vertiente física de la CC: a la selección de contenidos físicos podemos añadir su divulgación en el espacio físico, utilizando para presentarlos estrategias de caracterización propias del ámbito museológico; unas estrategias que no dejan de ser un reflejo de las que se llevan a cabo en el ámbito digital. Reivindicar el valor de los contenidos mediante su contextualización, dar sentido a los mismos, está en el centro de la actividad de CC. Adaptar estrategias digitales o museológicas para presentar los materiales nos permitiría superar las limitaciones de las muestras bibliotecarias, al poner los documentos en su lugar pertinente y relacionados con el tema de la exposición, con los demás materiales y con la colección misma de la biblioteca. Además, la contextualización de los materiales seleccionados por el bibliotecario nos ayudaría a explicar una historia, a transmitir una idea, de una manera más completa y compleja de lo que

suele ser capaz una muestra. Es decir, las muestras podrían pasar a ser medios de comunicación, tal y como lo son las exposiciones modernas de museo. En cierto sentido, las bibliotecas incorporan algunas de esas maneras de caracterizar los contenidos en sus muestras, pero creemos que hay mucho margen de mejora y que los beneficios de aplicar esta mejora serían notables. ¿Cómo conseguir que las muestras bibliotecarias sean exposiciones en un sentido pleno? Apuntaremos tan solo algunas ideas adaptadas al objeto de nuestro libro.[43] Para favorecer la comprensión de lo que aquí expongamos, en el siguiente apartado ofreceremos un breve ejemplo de CC en un espacio físico. Se puede argumentar que una exposición deja de ser una sencilla muestra de objetos cuando existe una idea que los cohesiona, que los integra según un argumento desarrollado previamente. Es entonces cuando la exposición funciona como un medio de comunicación: un instrumento con el que un emisor transmite un determinado mensaje a un receptor. Sin duda, los documentos de las muestras bibliotecarias también están cohesionados por una idea, que suele presentarse con un cartel informativo que los agrupa (por ejemplo, el Big Bang, la muerte de David Bowie, nuevos narradores de un país concreto, etc.). Pero si queremos contar con las ventajas que conlleva hacer exposiciones más complejas (ventajas que ya hemos mencionado), hay que tener presente que puede haber mensajes que no se entiendan por sí mismos porque no pueden ser capturados de una manera simple con una frase llamativa. En esos casos, las exposiciones requieren dos cosas adicionales: una estructura conceptual adecuada al tema que queramos desarrollar, que nos permita disponer los documentos de una manera lógica y comprensible; e información complementaria que favorezca la comprensión de la idea que queremos transmitir. Con esos dos elementos extra, la exposición pasa a ser un instrumento comunicativo complejo, con una estructura cohesionada y una información de apoyo que permite comprender por qué se muestran los objetos y cuál es la idea que se quiere transmitir con ellos. Apuntemos algunos aspectos a tener en cuenta sobre los tres elementos principales de una exposición: la idea, la estructura y la información complementaria. Y con ello, acabemos de apreciar de qué manera están conectados entre sí. La idea de la exposición es el tema, el asunto que vamos a tratar, aquello que funciona como hilo conductor de la exposición. Para que el tema diga algo nuevo y significativo a los receptores, es necesario (para seguir con la metáfora) que ese hilo se despliegue, que pueda avanzar. Es decir, necesitamos desarrollar y plasmar un argumento. La elección del tema es un momento crucial: si el tema es demasiado abstracto, será mucho más difícil hacerlo avanzar y mucho más difícil plasmar la relación entre los objetos expuestos y el tema. La estructura de la exposición será aquello que nos permita hacer avanzar el tema. Con estructura nos referimos a la fragmentación del tema en subtemas y a la relación entre estos. Tanto la división en subtemas como la relación entre ellos debe responder a cómo queremos presentar el tema de la exposición: es decir, la estructura debe ser la más adecuada para presentar el tema de la manera que hayamos decidido. La estructura de la exposición acabará determinando

el lugar que los objetos tienen en ella: para favorecer la comprensión de por qué están en un lugar determinando y cuál es la relación que pueda haber entre ellos, podemos valernos de información complementaria que ayude a hacer explícita la estructura. El papel de la información complementaria en los museos, así como las pautas más efectivas para elaborarla, es otro campo de estudio autónomo en la museología. Para nuestros objetivos, nos basta con ofrecer unos rápidos apuntes.[44] El texto es la manera más usual de ofrecer información complementaria, en forma de paneles, etiquetas, carteles y similares. Los textos que encontramos en una exposición de museo pueden ser clasificados, a grandes rasgos, en: Textos orientativos. Informan sobre la organización de la exposición. Son de especial importancia en los museos, puesto que ofrecen al visitante una especie de resumen de lo que van a encontrar en la exposición. Textos explicativos. Ayudan a interpretar el porqué de la presencia de los objetos, así como sus relaciones. Textos identificativos/descriptivos. Ofrecen información sobre el objeto en sí mediante la referencia a aspectos como el autor, fecha de creación, etc.

4. Curación de contenidos en el espacio físico: un ejemplo Los vericuetos por los que una exposición puede convertirse en un medio de comunicación pueden parecer intimidantes si se abordan solo desde un plano abstracto. En realidad, su aplicación en una biblioteca es mucho más directa de lo que el análisis parece mostrar. Y es que en la mayoría de casos no es imprescindible ni necesario dar a las exposiciones un nivel de sofisticación elevado para conseguir resultados llamativos e informativos. Ofreceremos un breve ejemplo para constatarlo. Es un caso tomado de la práctica profesional del autor de este libro. A principios de 2016 tuvimos la oportunidad de llevar a cabo una iniciativa de CC en el espacio físico en la biblioteca Xavier Benguerel, perteneciente al Consorci de Biblioteques de Barcelona. La iniciativa se identificó con el nombre genérico Camins de Ciència [‘Caminos de Ciencia’]: un ciclo bimensual en el que se intentan explorar cuestiones científicas desde un punto de vista interdisciplinar, en el espíritu de la llamada tercera cultura (la intersección entre ciencia y humanidades). El ejemplo es la exposición «Un viatge per la lectura» [‘Un viaje por la lectura’]. La exposición estaba dividida en cuatro bloques, cada uno identificado con un rótulo: «Psicologia de la lectura», «Beneficios de la lectura», «El libro como tecnología» y «Leer cambia el mundo».

Figura 5. Exposición «Un viatge per la lectura» [‘Un viaje por la lectura’]. Fuente: imagen tomada por el autor.

Algunas de las obras incluidas en los bloques eran localizables con una búsqueda simple en el catálogo, pero eso limitaba mucho el conjunto de documentos posibles para una exposición sobre los diversos aspectos de la lectura. Así, no teníamos documentos recuperables por una búsqueda como «beneficios + lectura», pero sí obras relacionadas con la misma. Por ejemplo, la obra Superficiales, de Nicholas Carr, que puede ser entendida como un alegato a favor de la lectura impresa y de los beneficios que supone frente a la lectura digital. Para destacar las relaciones (ocultas a primera vista) de las obras con el bloque «Beneficios de la lectura», se optó por una etiqueta sencilla en la que se mencionaba el beneficio relacionado con el texto (figura 6).

Figura 6. Etiqueta en la exposición «Un viatge per la lectura» [‘Un viaje por la lectura’]. Fuente: imagen tomada por el autor.

Encontramos entonces los principales elementos de una exposición que hemos visto en el apartado anterior: un tema o idea principal (la diversidad de aspectos del acto lector); una estructura argumentada que despliega la idea (cuatro subtemas al mismo nivel que se corresponden con algunas de las maneras en que puede ser estudiada la lectura); e información complementaria que permite captar la estructura, comprender el porqué de la presencia de los documentos y establecer relaciones entre estos (carteles, rótulos y etiquetas).

CONCLUSIÓN: LA CURACIÓN DE CONTENIDOS Y EL FUTURO DE LAS BIBLIOTECAS No quisiéramos concluir esta obra sin mencionar el que a día de hoy puede considerarse el principal contraargumento para no apostar por la CC en las bibliotecas: la renovada importancia del espacio de los edificios bibliotecarios de cara al futuro. Lo que subyace en el centro de esta idea puede resumirse de la siguiente manera: en la sociedad digital y conectada, la biblioteca como suministradora de información se vuelve inviable (Juárez, 2017); si las bibliotecas quieren sobrevivir, deben buscar nuevas maneras de atraer usuarios; dada la desmaterialización que supone lo digital, quizá el futuro pase por apostar por lo contrario: el espacio físico y lo que este puede ofrecer a los usuarios. La reutilización del espacio físico puede tomar varias direcciones en función del tipo de centro. Así, en las bibliotecas universitarias se podrían crear espacios de socialización, de trabajo colectivo y de conexión para los dispositivos digitales; en las bibliotecas públicas, además, se podrían desarrollar espacios para la interacción y la creatividad, como los makerspaces, que sirvan de catalizador para la creación de comunidades. Ciertamente, lo expuesto en el primer capítulo puede verse como una refutación de la idea de que la biblioteca como suministradora de información no tiene lugar en nuestras sociedades. No repetiremos argumentos, pero diremos que no hay nada que a priori haga incompatibles las funciones social e informativa de las bibliotecas. Sin duda, es cierto que cada vez más usuarios prescinden de los servicios de las bibliotecas para satisfacer sus demandas de información, pero quizá eso solo muestre que los bibliotecarios no han sido hábiles a la hora de ocupar un nicho en el ecosistema informativo. Puede que esto tenga diferentes explicaciones, pero a nuestro entender hay dos destacadas. En primer lugar, la apuesta en los últimos años por la vertiente más técnica de la profesión. Era (y sigue siendo) algo necesario, pero el clima de opinión en la comunidad bibliotecaria no ha favorecido el prestar atención a lo importante que para las bibliotecas podrían llegar a ser las habilidades de los bibliotecarios para recolectar, tratar y difundir información. Habilidades más «blandas», pero no por ello más prescindibles. La onda expansiva de esa apuesta por la técnica sigue dejándose notar a día de hoy en cuestiones como el desconocimiento (y el desinterés) de los bibliotecarios de buena parte de la colección de sus centros y las dificultades para dinamizarla y explotarla. En segundo lugar, el reparo que muchos profesionales sienten ante la posibilidad de prescribir contenidos. En la imaginación de no pocos bibliotecarios, la prescripción se asocia a «decirle a la gente qué es lo que tiene que leer» o a situarse en una posición de superioridad intelectual con respecto a los usuarios. Lo cierto es que dichos temores enmascaran una realidad mucho más simple: los usuarios aceptan de buena gana las recomendaciones, y recomendar no excluye la conversación con estos, algo que preocupa mucho a

los defensores de la biblioteca como espacio comunitario. A modo de resumen general, podemos decir que potenciar la CC en las bibliotecas pasaría por, al menos, los siguientes puntos: Una mayor implicación de los bibliotecarios en la función informativa de sus centros. La planificación de una estrategia sólida, adaptada a las características de cada centro. El conocimiento de las buenas prácticas a la hora de recoger, seleccionar y tratar información. El desarrollo de habilidades relacionadas con la comunicación de contenidos. La familiarización con las principales ideas y temas de las áreas a las que se dedica el centro para poder aportar valor y contexto a los contenidos. No es poca cosa, pero no tienen por qué ser objetivos inalcanzables. La consecución del compromiso de las bibliotecas con la educación y el conocimiento bien vale la pena el esfuerzo.

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Notas [1] Como ejemplo, el debate iniciado por Tomàs Baiget en Iwetel (Baiget, 2012). [2] La charla TED de Schwartz sobre las ideas de su obra cuenta con más de 2 millones de visitas. https://www.youtube.com/watch?v=VO6XEQIsCoM [3] Para un tratamiento más completo, véase Guallar; Leiva-Aguilera (2013). [4] Para ampliar información, véase Guallar; Leiva-Aguilera (2013) y un gráfico en LeivaAguilera (2013). [5] Quizá Michael Gorman sea quien mejor ha expresado esta idea, como por ejemplo en Gorman (2007). Gracias a Lluís Anglada por la referencia. [6] Sobre las ventajas de utilizar el marketing de contenidos para difundir la colección digital, véase Arroyo-Vázquez (2017). [7] Las 4 S’s del método de CC de Guallar y Leiva-Aguilera son: Search (búsqueda), Select (selección), Sense making (caracterización) y Share (difusión). [8] Para un tratamiento y una descripción completa de lo que es la CS, véase especialmente Halvorson y Rach (2012). [9] El articulo en inglés de la Wikipedia es una buena introducción al content marketing. https://en.wikipedia.org/wiki/Content_marketing [10] Hay que insistir en que esa postura no debería implicar que se considere la CC como un medio barato para obtener contenido: una buena CC también implica tiempo y un personal con las habilidades necesarias. [11] Para un esquema simplificado, Leiva-Aguilera (2013). Para una explicación en detalle, véase Guallar y Leiva-Aguilera (2013a). Para un ejemplo de aplicación, Guallar (2015b). [12] Para un completo resumen de los aspectos a tener en cuenta en la fase de diseño: Torres Castrillo (2014). [13] Sobre la importancia de la gobernanza en la CS: Phillips (s.d.). [14] Véase Sweeney (2012). [15] Véase el artículo de la Wikipedia sobre la plataforma: http://en.wikipedia.org/wiki/Big_Think.

[16] http://miquelpellicer.com/2017/05/los-mejores-articulos-abril- 2017-periodismo/ [17] http://thebrowser.com/ [18] http://www.huffingtonpost.com.mx/2016/11/12/galeria-dia-nacional-del-libro/ [19] http://cultura.elpais.com/cultura/2016/12/26/actualidad/ 1482720008_873973.html [20] http://hipertextual.com/imagen-del-dia [21] http://www.nasa.gov/multimedia/imagegallery/iotd.html [22] http://bibliotecavirtual.diba.cat/musica/sang-altera [23] http://bibliotecavirtual.diba.cat/musica [24] http://bibliotecavirtual.diba.cat/ [25] http://www.julianmarquina.es/10-puntos-que-debes-tener-en-cuenta-sobre-las-redessociales-en-tu-biblioteca/ [26] https://blocdelletres.ub.edu/2017/05/10/consells-per-augmentar-la-visibilitat-delsarticles-de-recerca/ [27] https://blocdelletres.ub.edu/ [28] http://blog.scienceopen.com/2017/03/promoting-your-articles-to-increase-yourdigital-identity-and-research-impact/ [29] http://www.bnc.cat/El-Blog-de-la-BC/ [30] http://www.bnc.cat/El-Blog-de-la-BC/Exposicion-bibliografica-Prat-de-la-Riba1967 [31] http://www.julianmarquina.es/10-razones-para-que-te-animes-a-ser-bibliotecario/ [32] http://storify.com/guardian [33] http://storify.com/el_pais [34] http://blogs.uji.es/bibliotecauji/les-tradicions-nadalenques-a-castello/ [35] http://blogs.uji.es/bibliotecauji/ [36] Las entradas del autor en la plataforma se pueden consultar en la dirección http://bibarnabloc.cat/author/emartibd/

[37] http://bibarnabloc.cat/2017/02/27/mitjans-guerres-iugoslavia/ [38] http://bibarnabloc.cat/2016/04/28/preescolars-diferenciar-pintures-abstractes-fetesartistes-fetes-altres-infants-animals/ [39] http://bibarnabloc.cat/2017/01/20/girafa-gegant-perill-dextincio/ [40] http://www.iucnredlist.org/details/9194/0 [41] https://elpais.com/elpais/2016/05/17/ciencia/1463477708_ 897752.html [42] Proponemos un ejemplo téorico para mostrar este hecho en Martínez-Cañadas (2016a). [43] Recomendamos la lectura de la obra La exposición: un medio de comunicación, de Ángela García Blanco (2009), de la que tomamos ideas para este apartado. [44] Para una información más completa, recomendamos el ya citado manual de García Blanco, así como el más específico Museum texts: communication frameworks, de Louise Ravelli (2006).

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